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Valeria Perasso
BBC Mundo, Buenos Aires
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En Argentina las monedas de curso legal son de 1, 5, 10, 25 y 50 centavos, y de un peso.
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Si tiene una moneda en su billetera, atesórela como si se tratara de un bien preciado. Ésa parece ser una consigna con la que los habitantes de la ciudad de Buenos Aires se han acostumbrado a convivir, ante la crónica escasez del llamado “cambio chico” en Argentina.
Para aliviar la situación, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció este miércoles un sistema de boleto electrónico para el transporte público.
Es que los autobuses, trenes y metros de esta ciudad, que concentra al 37% de la población activa del país, son terreno de batalla por las preciadas monedas.
Aquí, los pasajeros sólo pueden abonar su boleto en metálico en máquinas instaladas a bordo de los buses, o comprarlos en oficinas de expendio que, como ellos, pocas veces tiene cambio para entregar.
Según Fernández, se destinarán US$57 millones para la puesta en marcha del proyecto del boleto integrado, que entrará en funcionamiento en 90 días y se podrá usar en toda la red de transporte metropolitana.
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He fijado plazos para que todos los usuarios puedan disponer de tarjeta electrónica… Será un gran alivio en los inconvenientes cotidianos 
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Este plan se suma a otras políticas anteriores tendientes a paliar la “crisis de las monedas”. En octubre de 2008, el gobierno inyectó miles de dólares en metálico en la economía para aliviar la falta de cambio circulante, aunque los efectos de la medida apenas se sintieron en la calle.
“He fijado plazos para que todos los usuarios puedan disponer de tarjeta electrónica… Será un gran alivio en los inconvenientes cotidianos”, declaró la mandataria, quien se mostró optimista ante la posibilidad de que este boleto único “elimine el negocio de las monedas”.
Prueba piloto
Un sistema electrónico similar ya se encuentra en uso en la red porteña de transporte subterráneo, y algunas líneas de autobuses iniciaron pruebas piloto con sistemas de pago similares.
En Londres es más barato viajar con la tarjeta electrónica que comprando boletos.
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El boleto único será una tarjeta recargable, con un chip integrado, que almacenará dinero e irá descontando el valor de cada trayecto que realice el pasajero mediante máquinas lectoras.
Buenos Aires sigue así los pasos de otras grandes ciudades del mundo -como Londres, Tokio o Curitiba, en el estado brasileño de Paraná-, que cuentan con un sistema de pago unificado para el transporte de pasajeros.
En Buenos Aires, cuatro millones de usuarios recibirán las tarjetas para usar en una red de siete líneas de trenes suburbanos, metros y colectivos operados por unas 170 empresas diferentes.
Sin embargo, la propuesta generó escepticismo en algunos empresarios del transporte de pasajeros.
El titular de la Asociación Civil de Transporte Automotor, José Troilo, insistió en que se necesitará un plazo de por lo menos seis meses para que el sistema funcione, el doble de lo que estima el gobierno.
Misterio de las monedas perdidas
Pero, ¿dónde están las monedas que todos quieren y nadie encuentra?
Muchas son las teorías que se tejen alrededor de este problema cotidiano, que aqueja a los porteños desde hace ya tiempo pero que se ha agravado en los últimos seis meses.
El Banco Central obliga a las entidades bancarias a entregar cambio a los ciudadanos.
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Desde retención de monedas por parte de las mismas empresas de transporte – que los representantes del gremio han negado terminantemente- hasta rumores de tráfico ilegal a países vecinos para fundir el metal, que jamás se han comprobado.
En octubre de 2008, un juez ordenó investigar a una empresa distribuidora de caudales por presunto acopio ilegal de dinero, después de que se hallara US$1,5 millones en monedas en sus oficinas.
En la calle, el negocio está a la orden del día. En los últimos meses se disparó un “mercado negro” de metálico, con “vendedores” que entregan monedas a cambio de una comisión que varía entre el 3 y el 10%: por un billete de 10 pesos argentinos, el usuario necesitado de cambio chico se lleva alrededor de un peso menos en metálico.
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) obliga a las entidades bancarias a entregar cambio a los ciudadanos, y las filas afuera de los locales se hacen interminables a ciertas horas.
Malhumor
“Vengo a buscar cambio al kiosco, que me conocen… es la segunda vez que vengo hoy, porque otra vez me quedé sin monedas”, le relata a BBC Mundo Natalia González, mientras se apura a regresar a su negocio, una librería y papelería en el centro de la ciudad.
“Los clientes tampoco tienen, y se ponen de malhumor. Hasta pierdo ventas si no tengo para dar vuelto”, añade.
“Todas las tardes me toca comprarme algo, un chocolate o chicles, para poder tomar el colectivo de vuelta a casa”, comenta, por su parte, Soledad Tomasini, a la salida de su trabajo.
Para muchos, el boleto electrónico se perfila como una solución inteligente, aunque se muestran cautelosos ante los resultados.
“Hay que ver cómo funciona. El gobierno dice que se va a poder recargar en muchos negocios, pero habrá que ver. Y ver si después no pasa que las máquinas se rompen y recargar la tarjeta se vuelve una complicación”, dice Josué, consultado por BBC Mundo.
Desde la vereda sobre la avenida Corrientes, saca apurado su mano hacia la calle, para un taxi y se sube.
“Estoy cansado después del trabajo… y no tengo ni una moneda para viajar”, dice.